1º de Mayo: Derechos sin pausa

Los socialistas vascos también hoy, 1º de Mayo de 2020, nos hemos movilizado. Hace 130 años por primera vez las calles vascas, en Bilbao, se llenaron de miles de trabajadores convocados por los socialistas a los que se les penalizó con despidos, una nueva injusticia de las muchas que había, que tuvo una respuesta solidaria en forma de huelga y que acabó con una reducción de la jornada laboral. Desde entonces no hemos faltado a esta cita, sumándonos a todos los que compartían la misma causa de la justicia social por encima de barreras, banderas y fronteras. Desde las calles, desde la clandestinidad y el exilio cuando la dictadura lo impidió, y ahora desde nuestras casas, porque la pandemia nos impide compartir la jornada físicamente. Todos hemos asumido este ejercicio de responsabilidad, que ha puesto en pausa nuestras vidas, pero los derechos no pueden estar en pausa nunca.

Habíamos empezado este año con muchas razones para la esperanza. Habíamos comenzado estrenando un Gobierno de progreso que necesitaba aliados para la gran tarea pendiente en la garantía de las condiciones de los trabajadores. Habíamos arrancado con una nueva subida del salario mínimo, un nuevo paso para acortar desigualdades y avanzar en el proyecto europeo de la Carta de Derechos Sociales. Habíamos comenzado con un proyecto para transformar la Seguridad Social, para que siga siendo la garantía de ingresos dignos de quienes han trabajado toda su vida. Con un proyecto ambicioso para acortar la brecha que tanto distancia todavía a las mujeres de la igualdad plena. Y habíamos empezado con una tarea pendiente, la de dar la vuelta al Estatuto de los Trabajadores, no sólo para corregir la devastadora herencia que dejó la reforma laboral del PP, sino porque necesitamos un marco adaptado al siglo XXI.

Y esta crisis en la que seguimos y de la que saldremos está siendo un espejo claro de esa necesidad. Durante este confinamiento hemos visto que quienes porfiaban el futuro de nuestra sociedad a que siguiera moviéndose por la mano invisible del mercado reclaman la intervención bien visible y notoria de lo público. Que sólo invertir en lo público, en la sanidad, en la educación, en la protección social, y en el apoyo a las iniciativas económicas, se puede encontrar solución. Y que lo que realmente era invisible y que hace que se mueva el mundo eran las manos de los millones de personas en España, los miles y miles en Euskadi, que nos atienden en los hospitales, que siguen enseñando a nuestros hijos como sea, que cuidan de nuestros mayores, que nos atienden en los comercios de alimentación. Las de los trabajadores del campo y la mar, la de los transportistas, las de quienes no dejan de prestar sus servicios desde sus casas.

Y también son muy visibles, les tenemos especialmente presentes, las miles de personas acogidas a ERTEs, a los autónomos que sobreviven con las ayudas de urgencia improvisadas en estas semanas, a quienes han perdido su puesto de trabajo en este tiempo. Les tenemos presentes y les tenemos en el horizonte de esperanza que se va a abrir. Ellos y ellas son también protagonistas de esta jornada, que siempre vivimos como una fiesta de solidaridad, y que los socialistas vivimos este año como una fiesta del compromiso. El compromiso claro y nítido de buscar todos los acuerdos, sin exclusiones y sin medias tintas, para reconstruir el país tras la crisis. En España y en Euskadi.

Y el compromiso socialista, claro y rotundo, en Euskadi y en el resto de España, para no dar un paso atrás en la reconquista de los derechos laborales perdidos en el pasado, y en el consenso para un nuevo marco que regule las condiciones de trabajo en las que vamos a desarrollar nuestra vida en adelante. Una vida en la que estaba en marcha una revolución digital, energética, económica y demográfica. Esa revolución se va a acelerar, y tenemos que acelerar también en los derechos.

No es un compromiso retórico. Es un compromiso que nos apela a nosotros, pero que apela a la totalidad de los partidos políticos. Todos deberían pronunciarse al respecto en un día como hoy, sin disimulos. Euskadi y el resto de España votaron en tres ocasiones en cinco urnas el pasado año para alejar con rotundidad cualquier intento de involución y para hacer posible sin matices un Gobierno de progreso. Esa rotundidad no ha sido nunca aceptada por quienes quieren volver a la época pasada, a la de un Gobierno del PP que se escudó en una crisis para desmontar uno a uno los pilares del Estado de bienestar. Son los mismos que utilizan esta crisis para segar bajo los pies del presidente Pedro Sánchez y su Gobierno.

Nadie que el año pasado pidiera el voto de la ciudadanía para no dar un paso atrás debería hoy siquiera tontear con la estabilidad de este Gobierno. Caben todas las opiniones, pero no cabe jugar con el futuro de la ciudadanía. Cuando salgamos de esta emergencia, que saldremos, tenemos que dejar la agenda que está en paréntesis desde el pasado 15 de marzo. La desescalada que comenzamos no puede ser de ninguna manera una desescalada de derechos ni una desescalada en el proyecto progresista y transformador. Todos estamos llamados a ella. También a conseguir un Estatuto de los Trabajadores propio del siglo XXI. Sería una tremenda irresponsabilidad que con la excusa del virus alguien juegue con la estabilidad de un Gobierno en España dispuesto a llevarlo adelante.

Que nadie juegue con los derechos de los trabajadores porque confunda competencias con competir. Que nadie juegue con nuestro futuro por tentaciones partidistas, por hacerse notar. Que los aplausos de cada tarde y los agradecimientos de cada discurso no sean retóricos, que se transformen en un compromiso radical con todos aquellos trabajadores que han mantenido en pie la sociedad mientras alejábamos el virus, para todos aquellos que han perdido el empleo pero no quieren perder la esperanza, para todos los que reclaman que sus derechos no queden en pausa. Que nadie defraude la voluntad de los vascos de impedir la involución que nos amenazaba y que es la única alternativa que se presenta al Gobierno de Pedro Sánchez.

El año 2020 se presentaba prometedor. Lo puede seguir siendo, lo podemos cerrar como arrancaba. A pesar de los tremendismos y barbarismos que escuchamos estos días, a pesar de las arremetidas, lo mismo que hace 130 años los ataques a los socialistas se tradujeron finalmente en nuevas conquistas laborales, ahora sabemos con más claridad que el socialismo vuelve a buscar el interés general sobre el partidista. Sabemos que hay un Presidente decidido a sacarnos de ésta, y sabemos que lo podemos hacer si conseguimos ir juntos. Los socialistas vascos no vamos a dimitir nunca de esta responsabilidad que tenemos con la sociedad ni con sus trabajadores.

Manifestación del 1º de mayo

Manifestación del 1º de Mayo

Trabajo digno y con derechos para una Euskadi digna

Trabajo digno y con derechos para una Euskadi digna

En mis siete meses como secretaria general he insistido en dos ideas: que estamos en riesgo de que se consoliden las desigualdades y la precarización, y que debemos escuchar lo que nos dicen los ciudadanos. Hoy quiero volver a hacer las dos cosas: hablar de esa pérdida de derechos, y atender el testimonio directo de un ciudadano. Es público, se difundió en una revista semanal de amplia difusión en toda España, y corresponde a un vecino de Vitoria-Gasteiz que decía: “He caído en la casilla de las cincuenta horas semanales por 800 euros, en la de cuatro horas aseguradas al día trabajando ocho y cobrando por debajo del llamado sueldo digno. He saltado de entrevista en entrevista y, a pesar de aceptar las nuevas reglas del juego, no he conseguido ganar ninguna partida todavía. Estoy verdaderamente desilusionado, confundido y muy enfadado con este nuevo tablero; todo lo que luchamos para mejorarlo lo han destruido con la excusa de que vivimos por encima de nuestras posibilidades”.

La desesperanza de este gasteiztarra es la misma que me transmiten muchas de las personas con las que me vengo reuniendo los últimos meses. Es la misma que me trasladan las organizaciones sociales que atienden a estas personas que peor lo están pasando. Es la misma desesperanza que percibí en esas trabajadoras del comercio de Álava que me contaban hace unas fechas que tienen contratos de seis horas a la semana pero distribuidas a demanda de su empleador que en cualquier momento les puede cambiar el día o el turno de trabajo, lo que les impide completar esa miseria de salario con otro empleo, o formarse, o planificar la atención a sus familias.

Son ejemplos que, sumados, nos muestran la otra cara de unos datos económicos y sociales que los Gobiernos de Rajoy y Urkullu no quieren reconocer, pero que nos muestran con crudeza que en Euskadi vivimos una realidad social muy alejada del “oasis vasco” que algunos quieren presentarnos.
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