Salgamos todos

Salgamos todos

Teníamos toda la información. Nos llega por todas partes. El confinamiento era el pedal de freno. Pero sus resultados debían esperar al menos dos semanas. Estamos asistiendo desde nuestras casas a ese cómputo diario de los contagios que vienen de antes de que el presidente Pedro Sánchez decretara el estado de alarma. Nos abruman hoy los datos, y nos sobrecogen tantas historias de sufrimientos y soledades. Pero a nadie nos puede quedar media duda en lo esencial. El contagio lo paramos cada uno de nosotros. La enfermedad, el personal sanitario. La higiene y seguridad en calles y recintos la deben garantizar todos los profesionales de seguridad y emergencias. Y junto a ellos, para que nuestra sociedad no pare, para que haya recursos, para que tengamos cubiertas nuestras necesidades básicas, miles de personas que no dejan de trabajar cada día, en la tienda de nuestro barrio, en los supermercados, en las gasolineras, en el transporte público y de mercancías, desde sus casas…

No es redundante repetirlo. Cada día que pasa creo que es más necesario insistir en ello. En lo importante. Porque en esta situación sobra añadir zozobras y dudas. No sobra ni una aportación, pero sí cualquier atisbo de sospecha sobre la voluntad decidida de nuestros Gobiernos de poner fin a esta pesadilla. Desde las discrepancias, no hay nadie que pueda sugerir, ni directa ni indirectamente, ninguna actitud que, de forma deliberada, haya propiciado esta pandemia cuyo alcance y consecuencias nadie había previsto. Pese a los adivinos del pasado, no hay país en el mundo, ni servicios secretos en el planeta, que lo vieron.

Por eso ya vale. Que cesen ya apelaciones a manifestaciones, mítines, partidos de fútbol y otros eventos de hace más de dos semanas. Tiempo de incubación del virus y de las peores intenciones. Que la enfermedad haya causado esta crisis no es culpa de nadie, no hacerle frente con decisión en sus momentos más duros es responsabilidad de todos. Pero nadie puede decir que lo sabía, que sabía lo que venía y que no se puso freno para evitarlo. Cuando digo nadie, es nadie.

Tampoco en Euskadi. El Parlamento se disolvió cuando sabíamos lo que pasaba en China, sin iniciativas que se interesaran por ello. Fue en vísperas de decretarse el estado de alarma cuando empezaron a registrarse iniciativas de control. Porque ese control sigue existiendo, se diga lo que se diga. Por parte socialista, trasladamos todo lo que tenemos que decir en los cauces abiertos para ello, que son varios. Porque no buscamos confusiones, queremos soluciones.

Y el lehendakari comparecerá. Como se pueda y cuando se pueda. Con plenas garantías para los derechos de todos los miembros de la Diputación Permanente, que somos insustituibles y que, como en mi caso, cumplo la cuarentena que me obligan las circunstancias, y en el caso de otros compañeros deben atender lo que las autoridades sanitarias también les han indicado.
En cualquier caso, los parlamentarios saben cómo seguir trabajando, cómo seguir controlando y cómo se activan las reuniones de la Diputación Permanente. Si les quedaban dudas, cuentan ya con todas las aclaraciones jurídicas. Las añadidas, porque ya se nos habían dejado claras hace diez días, cuando nos convocó el lehendakari para resolver el aplazamiento electoral. Fui yo misma quien planteó las funciones que podría tener ese órgano en esta situación, y acepté la respuesta porque todos dijimos respaldarla. Eso significa que la puerta del control sigue abierta.

Claro que es excepcional que haya un Gobierno vasco con plena capacidad y que el Parlamento esté disuelto. Pero es que en Galicia pasa igual. Y si miro al resto de los Parlamentos autonómicos, que no están disueltos, todos tienen una actividad absolutamente anómala, sin funcionamiento ordinario, cuando no paralizado. Cantabria, Asturias, Rioja, Andalucía, Madrid…. Con esto dejo zanjado un debate que no existe: toda la transparencia, todo el control, pero que nadie nos pretenda hacer creer que, cuando todo es extraordinario alrededor, es al Parlamento Vasco al único que le corresponde funcionar de forma ordinaria.

Desde esta realidad previa que debemos asumir todos y todas, vuelvo a lo importante. A que todos salgamos de aquí. Y a cómo podemos conseguirlo. Primero, quedándonos en casa. Si a alguien eso le parece un gran esfuerzo, que piense en quienes tienen a sus familiares ingresados y no les pueden ver. En quienes tienen a alguien confinado en una habitación, quienes hacen equilibrios en viviendas que no dan más de sí para tantas precauciones, quienes van a tener que doblar esfuerzos de paciencia para que sus hijos aguanten. En quienes viven solos y tenían como única válvula de escape el paseo matinal, el saludo diario al pescatero o a la cajera del supermercado, y que tienen que dosificar su única vía de relaciones sociales, A quienes tienen a sus madres y padres aislados y no les pueden más que enviar palabras de ánimo a través del teléfono. A esos abuelos y abuelas que echan en falta a sus nietos.

Va a ser muy duro. Pero más duro sería si pensaran que su esfuerzo es baldío. Que los responsables políticos nos perdemos en batallas estériles. Que nos perdemos en debates sobre uniformes, no en cómo salvamos las vidas amenazadas y cómo recuperamos las vidas plenas de todos. Que no nos sentimos aludidos cuando los servidores públicos se tratan entre ellos, lleven el uniforme que lleven, como seres humanos que se están jugando su salud por proteger la nuestra. Que miramos si las mascarillas y los respiradores y las camas vienen con la bandera de China o vienen de almacenes militares con la bandera de España. Y esto no va de banderas ni trincheras, va de salud y de vida. Va de colaboración.

Yo no voy a participar en ni una sola de la guerra de reproches ni en uno solo de los recelos que se presentan ante posibilidades de ayuda. Tengo una confianza plena en el sistema público vasco de salud. Lo tengo desde el orgullo de pertenecer al partido que hace más de 30 años decretó el derecho a la salud de todos los españoles sin distinción ideológica o económica, con la Ley Lluch. De pertenecer al partido que dirigió, con el consejero Freire, un nuevo modelo sanitario vasco, inédito en España, imitado después en otras Comunidades. De haberlo sostenido incluso en los peores momentos de recesión, con el consejero Bengoa. De haberlo hecho fortalecer desde la oposición en el Parlamento y desde el Gobierno. De haber sabido construir lo que tenemos desde la colaboración con ayuntamientos, diputaciones y Gobierno de España. Siento ese inmenso orgullo por nuestros profesionales, y porque tienen aún una dura batalla que lidiar. Sé que están dispuestos. Y sé que no van a despreciar ningún apoyo que les pueda aliviar.

Tendremos tiempo de discutir y de mejorar. Tendremos tiempo.. Ahora estamos intentando ganar ese tiempo. Y no nos sobra ningún recurso. Tenemos que aliviar nuestro sistema, conseguir camas, respiradores, material de protección, tests….Por todos los medios. Tenemos que hacerlo para que salgan los enfermos de sus camas, salgan los aislados de sus habitaciones, salga el personal sanitario de sus EPIs….Para que sea posible, no podemos permitirnos lujos. No se lo puede permitir ningún Gobierno, no se lo puede permitir ningún ciudadano. Tenemos que colaborar sin pudor y quedarnos en casa con disciplina. Para que salgamos todos.

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