El frontón

El frontón

El frontón es una de las pocas alegrías que ha tenido la dirección de ETB durante su mandato. Sólo la final del último manomanista le reportó una cuota de pantalla superior al 21% en la única oferta que hay en euskera, el mismo día en que la oferta en castellano bajaba al peor índice que se ha registrado jamás en su historia. Pero ni ese share ha conseguido disimular que EITB en este mandato ha caído a la irrelevancia. Por audiencias y por prestigio. Hasta en los medios nacionalistas se ha asumido con contundencia esta realidad que habíamos venido advirtiendo desde la oposición y, con especial insistencia, desde las filas socialistas.

Porque el problema de EITB no está en las críticas, como todavía sostuvo, contra toda evidencia, la consejera en el último Pleno de control a preguntas de mi compañero Mikel Unzalu. El problema está en los errores que hemos venido denunciando y que apenas ha ido levemente corrigiendo, sin afrontar la mayor. Sin afrontar, por ejemplo, una línea editorial claramente sesgada al nacionalismo hasta el punto de llegar a aburrir a gran parte de la audiencia nacionalista que, además de sentimientos e identidades, busca en la televisión verse reflejada en sus problemas cotidianos. Ésa, y no otra, puede ser una de las razones por las que de forma abrumadoramente mayoritaria, en el 90 por ciento de los casos, busquen en el resto de las cadenas.

O sin afrontar, por ejemplo, la falta de estrategia. No de plan estratégico, una mera declaración de intenciones que se ha mostrado fracasada. Falta de visión ante la que se venía, ante la llegada de nuevas formas de consumo audiovisual, en internet o en temáticas o bajo pago. La dirección no supo verlo, o quiso justificar su gestión y sus fracasos con esta excusa, sin buscar alternativas.

O sin afrontar, por ejemplo, una política eficaz y equilibrada de contratación de productoras, apostando sólo por aquellas con las que la dirección se encuentra especialmente familiarizada, y que las ha convertido en básicamente subcontratas de mano de obra para llevar adelante programas que pueden hacer los profesionales de la casa. La apuesta debería haber sido invertir en creatividad en colaboración con la pequeña y muy eficiente industria audiovisual vasca. Crear para generar calidad, para difundir en nuestros canales, para difundir en otros canales, para generar ingresos netos.

O, por ejemplo, sembrando de minas el camino de la confianza con los representantes de los trabajadores, en lugar de generar espacios de colaboración para afrontar los retos que los propios profesionales son conscientes que deben asumir ante la competencia y la demanda de los ciudadanos y ciudadanas a los que prestan un servicio público.

Porque sí. Hablamos de un servicio público. Porque cada vez que hemos levantado la mano o alzado la voz hemos puesto por delante que los socialistas defendemos un servicio público de radiotelevisión, que defendemos que haya un gasto público eficiente en algo que forma parte de nuestro propio autogobierno, y que, como cada vez que hablamos de autogobierno, entendemos que tiene sentido si es útil a la ciudadanía. Por eso, además de haber liderado el reproche público, nos hemos esforzado por apuntar caminos de solución. Y hoy somos, lo seguimos siendo quince meses después de haberlo presentado públicamente, el único partido en Euskadi con una propuesta clara de reforma integral del ente.

Y no llegamos ahí de la nada. Llegamos ahí tras hacer autocrítica de actitudes propias en tiempos pasados. Llegamos allí tras analizar distintas alternativas y debatir mucho. Llegamos allí tras intentar infructuosamente que nuestras ideas fueran tenidas en cuenta, como se acredita en nuestra acción parlamentaria. Llegamos allí después de que desde este mismo blog advirtiera, por dos veces en menos de un año, de los riesgos que veíamos. Llegamos allí porque un partido responsable debe hacer propuestas. El Gobierno no las hacía. Los socialistas las hemos hecho , y lo puede consultar cualquiera. Es una base sobre la que queremos consensuar un modelo de radiotelevisión propio del siglo XXI, como formamos parte del consenso que alumbró EITB en 1982.

Y sí. Se nos podrá decir que no hemos ido más allá. Estamos dispuestos a asumir reproches. Pero es imposible avanzar si quien tiene las riendas se niega. Hasta este lunes. El PNV aceptó abordar una reforma integral. Ahora el Gobierno descarta que sea en esta legislatura. Y será lo único en lo que podamos coincidir con él en esta materia. Veníamos diciendo que el problema de ETB es que a los vascos y vascas no les gusta lo que se les ofrece. Salvo pelota y poco más. El Gobierno parece haberse agarrado a esa figura simbólica. También ha sido un frontón.

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