Un punto lila

Un punto lila

Esta mañana me he prendido en la ropa una pegatina con un gran punto lila y la leyenda “Emakumeenganako indarkeriari ez. No a la violencia contra las mujeres”. Es el Día Internacional Contra la Violencia Hacia las Mujeres, y parece momento apropiado para mostrar mi preocupación por una lacra que va in crescendo, que lejos de caer en el olvido y convertirse en el patético y raro recurso de un aislado enajenado, es, alarmantemente, el pan nuestro de cada día para muchos jóvenes, que padecen y ejercen una violencia atávica e injustificable contra las mujeres.

Contra sus seres queridos. Contra quienes les han amamantado, incluso. La larva del odio está engordando en nuestra juventud, y es momento de abordar el problema de manera integral, desde el punto de vista educativo y social, en los colegios y en los medios de comunicación….

Lejos de discursos, y parafraseando a Lapido, es hoy un día idóneo para señalar y avergonzar a quien atraviesa calles desiertas junto a las mujeres de su vida, a quien sube escaleras que le llevan irremediablemente al mismo error, a quien bucea a pulmón al fondo de la tristeza, a quien bebe en vaso largo la desilusión, a quien mancilla a golpes la palabra amor.

Y, si hemos de ampliar el abanico de lemas, “De todos los hombres que haya en mi vida, ninguno será más que yo” es el de una campaña publicitaria a interiorizar. Pero aun más contundente fue Minerva Mirabal (una de las tres mariposas perseguidas y asesinadas en cuyo honor se convoca cada 25 de noviembre la triste efeméride que nos ocupa): “Si me matan, yo sacaré mis brazos de la tumba y seré más fuerte”. Otra sentencia a interiorizar. Igual así algún mastuerzo se reprime.

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