Turismo y falta de raccord

Turismo y falta de raccord

A veces pasa. Incluso a menudo. En un plano se ve un fondo de sol radiante y en el siguiente llueve a raudales. En uno se está agotando la bebida y en el siguiente se ve el vaso lleno de nuevo. Ahora el pelo está recogido y, en unos segundos, la coleta está suelta. Pasa, sobre todo, en las malas películas. La falta de raccord les resta credibilidad, aunque sirven para pasar una tarde tonta en el sofá. Este verano estamos asistiendo a una de esas malas películas que entretienen el estío, a una falta de coherencia y continuidad protagonizada por la izquierda abertzale. Ahí quedaría si no fuera porque ese afán de llenar espacios mediáticos nos generará dudas sobre su intencionalidad última.

“A día de hoy el turismo no es percibido como una amenaza por la mayoría de la sociedad, ni se tiene la conciencia de que exista un exceso de turismo en este país. Y eso es así básicamente porque no existe”. Esto lo decía el portavoz de EH-Bildu en el último Pleno de este curso político, el 29 de junio Y creo que tiene razón. Por eso los socialistas mejoramos sustancialmente (así se nos reconoció) una propuesta que nos planteó y que fue respaldada por unanimidad. Una propuesta que pretende tapar agujeros que quedaron por desarrollar en la Ley de Turismo que la propia EH-Bildu respaldó hace exactamente un año. Una ley que estamos mejorando en su desarrollo desde el Departamento que dirige el consejero Alfredo Retortillo, que ha dado un impulso decisivo para sacar a la luz más de 1.500 viviendas que se utilizan con fines turísticos, y que hacemos en colaboración con los ayuntamientos, porque, como decía el representante parlamentario de la izquierda abertzale, “no es un problema el turismo en el conjunto del país, es una actividad económica complementaria y al alza, pero sí pueden haber zonas en las que hay que estar especialmente atentos a que no se convierta en un problema”.

Nadie puede creer que lo que hace cinco semanas no era un problema lo sea hoy con la virulencia con la que nos la presenta el partido de este portavoz abertzale. “Los especuladores están poniendo en práctica una salvaje estrategia para comprar cuantas más propiedades inmobiliarias mejor”, nos dicen. Hay un riesgo, sí. Y un camino para evitarlo, hasta hace un mes respaldado por todos los partidos. Pero algunos parece que sienten en su nuca el aliento de quienes no se sientan en sus escaños, y de quienes parecen no compartir las decisiones institucionales. Hay algo ajeno al turismo, ajeno a las 100.000 personas que tienen ahí un trabajo, ajeno al potencial estratégico de esta industria, que hemos recuperado gracias a habernos librado de la sombra del terror y gracias a la apuesta decidida de las empresas del sector.

Son razones ajenas. El alcalde de Pamplona y el Gobierno navarro presumen con razón del inmenso atractivo que tienen los sanfermines, que multiplican por siete la población en apenas nueve días. El que fuera efímero alcalde donostiarra presumía de batir records de visitantes, a pesar de que durante su mandato proliferaron los pisos turísticos que empezaron a tomar asiento en el centro de la ciudad sin que se le conociera ningún plan de gestión. Sólo allí donde no gobiernan recuperan el “que se vayan”. No sé si idean una edición de “Operación Turista”, un casting sobre los que pueden ser admitidos o no. Que expidan carnés de buen turista, como un día quisieron expedir carnés de buen vasco. Pero los expertos en ahuyentar deberían tener claro que otros estaremos, como estuvimos en el pasado por razones trágicas, trabajando para conseguir lo que la mayoría queremos: que vengan, que nos conozcan, que sepan lo que les podemos ofrecer, que se queden más tiempo, que repitan. No para convertirnos en tierra de servicios, sino para consolidar una industria que nos hace crecer.

Y como las razones son ajenas al turismo, no estamos ante un debate necesario, ya abierto, ya analizado y ya en fase de resolución. Supongo que los titulares de estos días sonarán como extraños ecos a muchos de nuestros conciudadanos que agotan estos días la prensa vasca en los kioscos de las costas levantinas o gaditanas, o invaden el Pirineo en otro formato de turismo más activo pero que tampoco está exento de los riesgos de masificación. Ésa no es la cuestión. Lo que ocurre es que a la izquierda abertzale le siguen dando vértigo las instituciones. Una decisión en la que participan, una decisión que se les cuestiona desde dentro. Sí, EH-Bildu es corresponsable en la falta de decisiones previas sobre la expansión del turismo, es corresponsable de la Ley vigente, es corresponsable de su desarrollo. Lo que les pasa es que parecen arrepentirse, porque a algunos de los que no se sientan en sus escaños no parece gustarles lo que hacen sus representantes.

Luego está el mantra perfecto, el comodín de los pactos. Acusan a otros de haber establecido alianzas inamovibles que sólo existen en sus argumentarios y que desmienten los diarios de sesiones. Porque insisto: la Ley de Turismo la respaldaron ellos, y su desarrollo la acaban de respaldar en el Parlamento, y por unanimidad. Porque los socialistas sí queremos que todo el arco parlamentario se implique en las decisiones que debamos tomar y así lo estamos haciendo, con ellos también. No tenemos miedo al acuerdo. Lo defendemos, y la izquierda abertzale lo sabe bien.

El turismo es una excusa, como lo es este revival veraniego en torno a los presos de ETA, a pesar de que estos hayan tenido que aceptar la legalidad que algunos les forzaron a rechazar, condenando sus posibilidades de reinserción. Los homenajes que les brindan no borran que hayamos decidido, también por unanimidad, que nuestra prioridad parlamentaria sobre las consecuencias que ETA ha dejado en esta sociedad está y estará con las víctimas. Y también los socialistas nos ocuparemos de que los brochazos estivales no nos despisten.

Son varias las tentativas. Pero ya todas han perdido credibilidad porque, como en las malas películas, en la de la izquierda abertzale hay falta de coherencia en el relato, falta de consistencia en los argumentos, falta de raccord entre el plano institucional y el plano de sus grupos afines. Deberán ir eligiendo su sitio. El turismo no es hoy un problema en Euskadi, como ellos mismos nos decían hace un mes en el Parlamento. Algunos nos ocupamos de que no lo sea en el futuro. Otros hoy defienden el boicot y la exclusión. Una vieja grabación que se ha colado en su película. Llegará el día en el que aspiren a sentir orgullo por haber contribuido en algo al progreso de Euskadi. Ese momento aún no les ha debido llegar.

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